Masticar parece una evidencia. Entonces, ¿por qué es tan importante masticar? Porque la masticación afecta a tu estado de ánimo, tu forma de digerir y hasta tu peso.

El frenético

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¿Eres de los que engulle? Eres voraz? Comes rápido como señal que disfrutas de la vida?

Pues lo más probable es que tengas habitualmente problemas como: ardores de estómago, reflujos ácidos, estreñimiento, etc.

La falta de masticación le da más trabajo al estómago y está afectando directamente el sistema inmunológico. En efecto, en la saliva están presentes unas enzimas que ayudan a desarrollar anticuerpos.

El lento

Todos conocemos una persona que siempre es la última en acabar de comer cuando os juntáis en el restaurante. Come despacio, habla poco y… suele ser más bien delgada.

En cuanta más masticada sea la comida enviada al estómago, mejor se digiere. Por otra parte, las investigaciones demuestran que masticar bien y mucho disminuye el apetito y ayuda a adelgazar.

¿Y yo qué?

Ni tanto ni tampoco, no sabes dónde te encuentras? Pues, vamos a compartir contigo varios consejos para un mejor estado de salud general y una mejor digestión.

Las comidas tienen que durar como mínimo 20 minutos y sin distracciones. La hormona de la saciedad es emitida por el cerebro sólo 20 minutos después del comienzo de las comidas.
Al tener distracciones (smartphones, TV, etc), tendemos a masticar menos y a comer mucho más rápido. Entonces, lo más probable es que acabes la comida con la sensación de haberte quedado con hambre y tengas una digestión pesada.

Empieza por comer pequeños bocados: te ayudará a comer despacio y evitar engullir la comida.

Luego, mastica entre 10 y 30 veces cada bocado. Te ayudará a comer menos (más sensación de saciedad) y a digerir mejor.

Una prueba realizada por la Universidad de Indianapolis lo demuestra. Dieron a unos voluntarios 55 gramos de almendras. Luego dividieron a unos voluntarios en tres grupos.

Al primer grupo, les dijeron que lo masticaran las almendras 10 veces.

Al segundo grupo, les pidieron que las masticaran  las almendras 25 veces.

Al tercer grupo, les pidieron que masticaran 40 veces las almendras antes de tragarlas.

Pasadas tres horas, evaluaron el apetito de cada unos de los grupos de voluntarios y el grupo que había masticado las almendras 40 veces tenían menos hambre que el grupo que había masticado sólo 10 veces antes de tragar.

En resumen, con la misma cantidad de alimentos, los que más masticaron tenían la sensación de haber comido más.

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