Teniendo en cuenta la importancia de los distintos tipos de alimentos en la nutrición del cerebro y los estudios realizados por Harvard, descubre la pirámide nutricional con distribución de alimentos en función de las cantidades recomendables para un desarrollo cerebral saludable.

En la pirámide a continuación las tres primeras filas se corresponden con alimentos que el niño debe tomar en abundancia.

 

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En la primera fila tenemos todos los cereales que deben conformar la base de la nutrición del niño aportándole energía de absorción rápida (galletas, harinas, pasta, arroz blanco) y también energía de absorción lenta (harinas, pasta, pan o arroz integral). Debemos tener en cuenta que el niño consume mucha energía y por lo tanto es bueno que tenga un suministro regular a lo largo del día, tanto en el desayuno, almuerzo, comida, merienda como cena) de alimentos con un elevado contenido energético (evitando siempre las golosinas o bebidas azucaradas y también la bollería industrial que mezcla los cereales con grasas hidrogenadas).

En el segundo nivel de la pirámide nutricional encontramos las frutas y verduras que, como ya sabes, aportan gran parte de las vitaminas que nos ayudan a sintetizar los neurotransmisores. Gracias a este aporte de vitaminas, el niño puede concentrarse o recordar mejor y también gracias a las vitaminas provenientes de frutas y verduras el niño puede sintetizar distintos neurotransmisores que le permiten tener un ánimo positivo. Las verduras deben formar parte tanto de la comida como de la cena, bien en forma de primer plato, plato principal o de acompañamiento. Las frutas pueden además formar parte del desayuno, almuerzo y merienda.

En el siguiente nivel nos encontramos las principales fuentes de proteína y grasa que son los lácteos, las carnes y pescados y las legumbres. Dos raciones de lácteos al día son importantes para completar el aporte de grasa que necesita el cerebro para transmitir información. La grasa proveniente del pescado azul, así como del aceite de oliva, frutos secos o frutas como el aguacate es especialmente beneficiosa también para el desarrollo de, la mielina, una sustancia que permite al cerebro transmitir información a gran rapidez. Igualmente las proteínas constitutivas de las carnes, pescados, legumbres y la propia leche permiten al cerebro construir nuevas conexiones, siendo así, el soporte para nuevos aprendizajes, una mejor memoria y una mejor capacidad para adaptarse a situaciones nuevas.

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Finalmente el último peldaño de esta pirámide nutricional está constituido por los alimentos que no resultan beneficiosos para el cerebro y que podemos restringir de la dieta del niño haciendo de ellos algo excepcional. Son los alimentos con altos niveles de azúcares y grasas saturadas o hidrogenadas, como la mantequilla, bebidas azucaradas el chocolate, la bollería industrial o las golosinas.

Los alimentos de consumo diario son necesarios a grandes dosis por nuestro cerebro. Los de consumo frecuente son aquellos que aportan nutrientes beneficiosos para las funciones intelectuales, emocionales o retrasan el envejecimiento cerebral. Aquellos de consumo ocasional o moderado aportan nutrientes beneficiosos pero también contienen otros nutrientes dañinos para el cerebro por lo que deben ser consumidos con moderación y los de consumo excepcional son aquellos principalmente perjudiciales para el cerebro.

Como hemos venido viendo desde el principio de la guía, el gusto por las texturas, olores y sabores debe aprenderse desde pequeños y por eso considero importante ir introduciendo, dentro de un orden tranquilo, alimentos y hábitos de nutrición neurosaludable desde edades tempranas.

Contamos con la colaboración de Álvaro Bilbao que nos ayuda a difundir el mensaje de la Salud Cerebral en Colegios y Escuelas. Solicita más información, pinchando aquí.